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Los desafíos al movimiento popular

Sin tomar en consideración esta coyuntura, los movimientos populares están condenados al agotamiento.

La experiencia del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, sirve de referencia para un nuevo estilo de actuación. Allí lo político (la reforma agraria) se articula como el beneficio personal y familiar concreto (la ocupación de tierra y la conquista de un lote). Lo utópico (el socialismo) es vivenciado en actividades colectivas (asentamientos y cooperativas). Lo ético (la militancia y las marchas) encuentra motivación en lo estético (los símbolos, como la bandera, la música, las peregrinaciones, el ritual de los encuentros).

Los movimientos populares deben partir de las demandas específicas de la población, aunque ellas no parezcan ser “Ias más políticas e ideológicas". En otras palabras, no se trata de partir de aquello que las dirigencias y líderes juzgan mejor para el pueblo, pero sí de lo que interesa y moviliza,
invirtiendo el proceso.

Tal vez muchos no salgan de la casa para manifestar solidaridad a Cuba, pero ciertamente lo harán para evitar que la alcaldía derrumbe un árbol de la esquina. Tal vez muchos no entiendan el carácter neoliberal del gobierno, pero quieren mantener sus empleos y conquistar mejores salarios. Tal vez muchos no estén motivados por un debate sobre socialismo, pero están dispuestos a trabajar para organizar una guardería para niños necesitados o una escuela de alfabetización de adultos.

El movimiento popular debe enfrentar el desafío metodológico de partir de lo personal a lo social, de lo local a lo nacional, de lo subjetivo a lo objetivo, de lo espiritual a lo político e ideológico. Ahora, el trabajo de base solo tendrá éxito si asocia la diversión y el deber, creatividad artística y formación, estética y ética. No es más posible crear una "cortina de hierro" que torne a los militantes inmunes a la ideología neoliberal, al consumismo, a los encantos de la globalización. La cuestión es cómo introducir prácticas sociales que despierten en ellos una consciencia/experiencia críticas frente al sistema, de modo que la nueva sociedad pueda ir siendo forjada en las entrañas de la actual, como el niño en el vientre materno.

Cabe al movimiento popular vincular lo micro a lo macro, las luchas específicas a las políticas públicas. Por tanto, es preciso elaborar propuestas concretas y viables para áreas como abastecimiento, transporte, vivienda, salud, etc. Las personas necesitan visualizar las propuestas, sentir que son palpables y, de cierto modo, alcanzables mismo en la actual coyuntura.

Hombres y mujeres nuevos

No es fácil hacerse nuevo sin una nueva coyuntura. Es un desafío para nosotros, veteranos en la militancia, librarnos de lo rancio adquirido en prácticas anteriores: los modelos ideológicos que asustan a los nuevos compañeros; el modo malhumorado que aleja la alegría; la prepotencia de quien se juzga vanguardista; el autoritarismo en la conducción de las reuniones y de las actividades; la falta de transparencia ética; la ambición por espacios de poder; el ideologismo que espanta a la gente simple que participa por primera vez de los eventos; el radicalismo en el lenguaje de quien no siempre se muestra radical en la práctica; la intolerancia frente a los que entran en la lucha; los prejuicios frente a las personas de otras clases sociales; el poco respeto por la religiosidad ajena.

Sin superar tales barreras se torna difícil dar un nuevo aliento al trabajo de base y a los movimientos populares. Hoy, el desafío principal es ampliar la participación y multiplicar movimientos. Por tanto, solo derrumbaremos las barreras objetivas -de las estructuras y del sistema- cuando logremos, primero, derrumbar las subjetivas.

Hagamos de esas palabras de Ernesto Che Guevara una exigencia a nuestras prácticas: "Déjenme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. ( ... ) Hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar todos porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización". (El socialismo y el hombre en Cuba, Editora política, La Habana, 1988, pp. 26-27. Tomado de Ernesto Che Guevara. Escritos y discursos. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977, t. 8, pp.253?272).

Quien no gusta de la política es gobernado por quien sí le gusta. Si a la mayoría no le gusta, mala suerte, pues debe aceptar ser gobernada por la minoría.

Los movimientos populares deben partir de las demandas específicas de la población, aunque ellas no parezcan ser “Ias más políticas e ideológicas". 

El movimiento popular debe enfrentar el desafío metodológico de partir de lo personal a lo social, de lo local a lo nacional, de lo subjetivo a lo objetivo, de lo espiritual a lo político e ideológico.
 
 
 

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