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...DERECHOS HUMANOS EN LA ONU

Cuando los verdugos acusan a sus víctimas

 José María Guerrero 

El pasado 18 de abril, el "imperio" consiguió nuevamente denunciar a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Eso sí, Estados Unidos no denunció ni condenó a Rusia, Colombia y China, por citar sólo tres ejemplos bien elocuentes. Denunció solamente a los enemigos del "imperio", como la propia Cuba, Irán o Irak. Y como era de esperar, el "imperio" tampoco fue denunciado o condenado por sus prácticas de terrorismo internacional o por la infame aplicación de penas de muerte contra minusválidos psíquicos o contra personas -negras o hispanas en su gran mayoría- que eran adolescentes o niños cuando cometieron los hechos por los que fueron condenados.

Y es que la Comisión de Derechos Humanos, que tradicionalmente se reúne en Ginebra, está en manos del "imperio". Por eso, sus amigos nada tienen que temer. Como tampoco los países poderosos, aunque no sean amigos del Tío Sam. O sea, que la celebre Comisión de Derechos Humanos volvió a dejar fuera a China, donde treinta y cinco mil personas fueron detenidas, en 1999, vulnerando así su libertad de conciencia, de expresión o de religión. Pero además, resulta que en China se han recrudecido los ataques contra disidentes, budistas, musulmanes y cristianos. Y por si todo esto fuese poco, veintidós de los cincuenta y tres países miembros de la Comisión votaron a favor de una moción de "no acción" presentada por Beijing para impedir el voto de condena. Ladinamente, EE UU fingió no apoyar semejante moción porque le venía de perlas: su comercio con China es demasiado rentable como para ponerlo en cuestión por un quítame allá algunos derechos humanos. Y Rusia, por el contrario, es demasiado poderosa. Sin embargo, Cuba no es ni un gran mercado ni un país poderoso. Es, simplemente, un país digno y pequeño que no se pliega a las exigencias del "imperio".

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Y aunque este argumento no guste a sus principales detractores, en Cuba no hay desaparecidos, ni escuadrones de la muerte, ni organizaciones paramilitares, ni persecuciones racistas o xenófobas, ni muertos de hambre, ni niños viviendo y muriendo en la calle, ni pedigüeños, ni enfermos sin asistencia sanitaria, ni gentes sin hogar, ni políticos corruptos, ni impunidad, ni narcotraficantes, ni ladrones de guante blanco, ni desempleados... Y todo ello, a pesar de un bloqueo económico y comercial que contraviene todas las leyes internacionales y las más elementales exigencias de la Organización Mundial del Comercio; a pesar de un bloqueo condenado una y otra vez por la propia Asamblea General de la ONU. Pero, aun así, EE UU continúa aplicándolo e imponiéndolo a terceros países.

Y es que EE UU rechaza el carácter universal de los derechos humanos. Por ejemplo, se ha negado a firmar la Convención Internacional de los Derechos del Niño y el Convenio para eliminar todas las formas de discriminación y violencia contra la mujer, sigue sin pagar su cuota a la UNESCO y tiene a Naciones Unidas al borde de la quiebra económica por el repetido impago de su aportación a la misma. Condenada por el Tribunal de La Haya por diversas acciones criminales -como el minado de los puertos nicaragüenses-, rechazó la competencia del Tribunal. Llegados a este punto, conviene preguntarse: 

"EE UU fingió no apoyar semejante moción porque le venía de perlas: su comercio con China es demasiado rentable como para ponerlo en cuestión por un quítame allá algunos derechos humanos"

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¿Quién es EE UU para denunciar la paja en el ojo ajeno? 
Porque la resolución de la Comisión contra Cuba fue impulsada por el "imperio", pero la presentaron la República Checa y Polonia. Tenían que hacer méritos estas dos repúblicas para acelerar su incorporación a la Unión Europea y despegarse velozmente de su pecado original de haber sido comunistas y haber tenido relaciones preferentes con la Cuba revolucionaria. Tan lacayos fueron en su propuesta de resolución que ni tan siquiera mencionaron el bloqueo "imperial" de Cuba, contra el que votaron en la última Asamblea General de la ONU. No hubo allí ni un solo gesto de dignidad. Así, el premio será mayor. 

Por su parte, la Unión Europea inclinó la cerviz de forma unánime. Despreciada por Vladimir Putin, al que además pidió perdón por el aislamiento que pudo suponer para Rusia la suspensión de su derecho a voto en la Asamblea del Consejo de Europa; rechazada por China, que ni contesta a sus tímidos requerimientos de "humanización" del sistema; y humillada por EE UU en el esplendor de la agresión contra Yugoslavia, se atuvo disciplinadamente a la moción de condena contra Cuba de checos y polacos, sin modificar ni una tilde.

Solo resultó conmovedora la actitud de Portugal que, en su papel de presidente de turno de la Unión Europea, lamentó que el texto checo-polaco no contuviese ninguna referencia al bloqueo económico que padece Cuba. Pero sólo fue lamentación, no protesta. Queja, no indignación. "Mal se queja quien se deja", dice el refrán. Y así es... Éste ha sido el papel representado por la gran Europa ante la imposición del "imperio". Ésta ha sido su dignidad y su independencia. Así se comporta en los foros internacionales la orgullosa potencia del Euro y del respeto a los derechos humanos cuando están de por medio los intereses del Tío Sam.

Pero no todo fue desolación, porque a pesar de la enorme presión de EE UU, dieciocho países votaron en contra de la denuncia contra Cuba y catorce se abstuvieron. Treinta y dos países, sobre cincuenta y tres, rechazaron la imposición norteamericana, que se aprobó por veintiún votos. 

En fin, que tras hacerse público el resultado de la votación, es lógico que las palabras de Eduardo Galeano irrumpan en la memoria: "Es admirable la valerosa porfía de una isla pequeña condenada a la soledad en un mundo en que la hipocresía y la servidumbre son prueba de talento, en un mundo donde el que no se vende se alquila". Son palabras de altivez y nobleza que no debemos olvidar. Porque, como ha dicho el propio Galeano, se puede amar a Cuba sin mentir ni callar. A lo que personalmente añado: nunca he mentido ni callado cuando alguna decisión del régimen cubano me ha parecido injusta. Pero jamás me aliaré, aunque sea a través de unas líneas, con Estados terroristas y esquilmadores, con la guardia pretoriana del inicuo desorden mundial que nos acosa, para agredir o cuestionar a un país que sigue siendo ejemplo de coraje, consecuencia, solidaridad y dignidad. 

Que los verdugos acusen a sus víctimas es un espectáculo conmovedor. 

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